Jose el peruano

Jose el peruano

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPITULO XXVI

EN LA DESEMBOCADURA DEL ALLIGATOR

—Querido Kilder, hoy estamos a cinco de enero y dentro de cuatro horas será la media noche. 

—Es verdad... Basta consultar el calendario y el reloj para ser de su opinión, querido Kornalden.

—No queréis sostener que en cuatro horas José el peruano salte de un punto lejano de Australia al puente de la Young , para decirle: ¡Hernos ganado!

—Mientras hay respiración hay vida, dice el proverbio. En cuatro horas se pueden hacer prodigios... ¿Verdad, señorita Marinca? 

La joven estaba tendida en una hamaca sobre el puente del buque y sus ojos se fijaban como los de una sonámbula en m la desembocadura del Alligator. 

Respondió ella con voz débil:

 —La esperanza empieza a morir en mi corazón y con la esperanza toda la razón de mi existencia... Mi hermano Fernández y mi prometido José no se ven todavía. ¡Usted ha perdido la apuesta y yo todos mis sueños de felicidad! 

—Pero faltan aún cuatro horas, señorita—le dijo Kilder con acento que se esforzaba por aparecer tranquilo—, y es preciso no desesperar. 

Kilder, al pronunciar estas palabras, sentía en cambio que todas sus esperanzas estaban perdidas. La audaz empresa debía considerarse desde ahora fracasada. 


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker