Jose el peruano
Jose el peruano El perderÃa toda su hacienda y su partner se apropiarÃa de ella.Â
El squatter leÃa en los ojos de su adversario el ávido resplandor de la victoria: Kornalden calculaba ya en secreto a cuánto podrÃa ascender el valor de los runs de Kilder.Â
Desde el sitio en que el buque estaba anclado se veÃa un gran trecho del rÃo, que desembocaba en las aguas tranquilas del golfo Diemen: Kilder, provisto de potentes anteojos, exploraba de vez en cuando la desembocadura del Alligator; pero siempre en vano, porque no descubrÃa nada...Â
La joven sentÃa desfallecer su esperanza a medida que el tiempo pasaba y se acercaba la hora del plazo fatal para Kilder y de la desesperación para ella.Â
Sin duda, su hermano y José habÃan perecido en la terrible travesÃa.
¡Quizás habrÃan muerto de hambre y de sed como tantos otros exploradores de las regiones desoladas! ¡Quizás habrÃan sido devorados por los canÃbales de aquellos paÃses donde reina la eterna carestÃa, donde el hambre se hace sentir inexorable!...Â
Ante estos pensandientos, Marinca temblaba de horror. Transcurrieron dos horas. ParecÃa absurdo esperar a que se verificase el milagro. El capitán del buque, dos periodistas, el comisario, el médico, reunidos en el puente, todos llegaban a la misma conclusión:Â