Jose el peruano
Jose el peruano —Kilder ha perdido la apuesta... Kornalden será inmensamente rico.Â
Pasó otra hora. Era ya de noche. Habiase perdido toda esperanza: una sombrÃa tristeza se apoderó de Marinca.Â
—Kilder apretaba con mano convulsa el papel en que se declaraba vencido y hacÃa cesión de todos sus bienes a Kornalden, y ya iba a dárselo al vencedor.Â
De la desembocadura del Alligator, sumergida en tinieblas, se alzó un cohete verde.Â
Fué un rayo de esperanza para Kilder.Â
Otro cohete se vió de pronto. Eran sin duda señales. Poco después una voz rasgó el silencio del Golfo; la voz venÃa de lejos, pero aunque inconocible para los otros, produjo una violenta emoción en Marinca y en Kilder.Â
No les cabÃa duda: aquella era la voz de José.Â
—¡José!—gritó Kilder.Â
—¡José !—repitió Marinca.Â
Kornalden se mordÃa los labios hasta hacerlos sangrar. No. ¡No era posible!¡DebÃa haber algún error! ¡El estaba seguro que sus amigos no podÃan haber permitido a José vencer en la empresa!...Â
La voz se acercaba.Â
—¡Señor Kilder!—decÃa la voz—. ¡Señorita Marincal...Â