Jose el peruano
Jose el peruano El capitán ordenó que se hiciese funcionar el reflector y se dirigiese la luz hacia el punto de donde partÃa la voz.Â
Poco después, la luz se proyectó sobre el golfo haciendo ver a un centenar de metros una barca que se acercaba al buque.Â
Un hombre bogaba con fuerza. Aquel hombre era José
 Marinca, y Kilder lo reconocieron.Â
—¡José! ¡José!—gritaron los dos—. ¡Victoria!...Â
También Kornalden habÃa visto, mediante los gemelos, al formidable andarÃn y habÃa tenido un instante de mortal desaliento. Pero en la barca no habÃa más que un hombre solo : —¡José !
Adquirió de pronto nuevo vigor.Â
—Demasiado pronto, señores mÃos, para cantar victoria—exclamó él—. José está solo y las condiciones son que debÃa llegar él y los dos testigos.Â
—¡Es verdad! Kilder, en su entusiasmo momentáneo, habÃa olvidado esta condición esencial.
José habÃa perdido a sus dos compañeros y faltaban los testigos de la travesÃa. Marinca cayó en la hamasa, anonadada.Â
¡Encontraba a su prometido, pero habÃa perdido a su hermano!Â
Una alegrÃa indescriptible se pintaba en el rostro de Kornalden:Â