Jose el peruano
Jose el peruano Fernández lo siguió. Los dos hombres se dedicaron a perseguir la sombra fugitiva. Esta, yendo al ras de las casas, corrÃa velozmente: pero Fernández y José no tardaron en alcanzarla.Â
La poderosa mano del coloso cayó sobre las espaldas del fugitivo que se curvó hacia tierra dando un grito de dolor.Â
—¿Quién eres.? ¿Qué hacÃas en el jardÃn del señor Kilder ?exclamó José con voz ronca y llena de ira, tratando de ver el rostro del hombre misterioso.
La noche era obscura y el peruano no consiguió ver las facciones del hombre abatido por su poderosa mano.Â
—¿Has oÃdo.? — repitió José—. Si no me dices quién eres te aplasto la cabeza de un puñetazo.
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Pero el hombre no respondió. Entonces José, que era siempre rápido en sus resoluciones, agarró por un brazo al desconocido y levantándolo como una pluma, lo llevó hacia el jardÃn, seguido de Fernández.Â
Kilder y Marinca habÃan descendido para seguir ellos también a José, mientras Tommy habÃa encendido una linterna.Â
—¡Alumbra, Tommy!—dij o el coloso poniendo de pie en medio de todos al desconocido.Â
El criado obedeció alzando la linterna hasta el rostro del intruso.Â