Jose el peruano
Jose el peruano —¡Es él!—exclamó a su vez Kilder—. Es el que me dió el amuleto.Â
—iEs él! —repitió la joven.
—¿Quién?—rugió José que empezaba a comprender
—Mernal, el hombre odioso que me persigue—contestó Marinca con voz despreciativa al paso que de sus ojos salÃan llamas de odio mal contenidas—. ¡El hombre que rechacé...Â
—¡Y que juró vengarse!—añadió con rabia Fernández—. Has hecho mal en no decirnos en el Perú su nombre: le hubieramos dado una buena lección.Â
—¿Qué cosa haces en Puerto-Augusta? — preguntó después volviéndose hacia el extraño individuo.Â
Este rió sardónicamente.Â
—¿Qué haces en este paÃs?—insistió José. conteniendo a duras penas su cólera.Â
—Hago lo que me parece y me place—respondió finalmente Mernal y lanzando un silbido como de serpiente por entre los labios.Â
—¿Con qué objeto te introdujiste en mi jardÃn? —preguntó Kilder.Â
—No he venido para robar—respondió Mernal tono de burla.Â