Jose el peruano
Jose el peruano —No me extrañarÃa—replicó José—. Tienes un hocico de ladino y se ve que en tu casa no hay espejos, porque si te hubieses mirado una vez habrÃas comprendido que con semejante hocico no se puede aspirar a casarse con la señorita Marinca.
Estas palabras pronunciadas por su afortunado rival debieron ofender profundamente al pequeño peruano, porque Mernal no pudo evitar una mueca nerviosa de su rostro rugoso.Â
—Has perseguido siempre a Marinca,continuó José— y ella, demasiado buena no me ha querido decir nunca tu nombre.Â
—Y si te hubiese dicho mi nombre ¿qué habrÃas hecho?—preguntóÂ
—No sé qué habrÃa hecho, pero te puedo asegurar con certeza que no la habrÃas perseguido hastaAustralia—respondió José—. ¿Qué esperas entonces de ella?Â
—Eso no te importa—respondió con desprecio Mernal.Â
—Me importa—respondió José—. Soy el novio de Marinca.Â
—¡Naturalmente, siendo su novio, crees que te casarás con ella !—añadió con acento de rabia Mernal— ¡Como también crees que atravesarás Australia!Â
—¡Cierto! ¡La atravesaré!—gritó José.Â