Jose el peruano
Jose el peruano El hombrecillo dió una estridente carcajada mezclada de odio y celos hacia el coloso.
 —¡Ya... esperas atravesarla!—añadió—. Pero te equivocas.Â
—¿Me equivoco?
—Ciertamente... no la atravesarás...Â
—¿Quizás me lo impidas tú?Â
—Te lo impedirá el noute-nouver... Crees poseer un amuleto?... y posees en cambio una maldición...Â
—¡Me importa un bledo tu huesecillo!—contestó José tirando el noute-nouver al rostro de Mernal.Â
Este trató de sofocar un movimiento de odio, pero su mano se hundió en un bolsillo de la chaqueta: después exclamó con voz temblorosa:Â
—No te podrás reÃr tan fácilmente de mÃ.
—¿Qué es lo que tratarás de hacer para impedirme terminar el viaje?—preguntó José que se esforzaba por contener a duras penas su cólera.Â
—Lo que pretendo hacer no tardarás en saberlo—respondió Mernal obsesionado por los malvados celos que se transparentaban en todo su rostro.Â
El pequeño peruano miraba a Marinca con ojos ávidos y amenazantes al mismo tiempo.Â
Fernández y Kilder trataban de averiguar en aquel rostro rugoso las malvadas y quizás homicidas intenciones de aquél individuo peligroso.Â