Jose el peruano
Jose el peruano —Resumamos por última vez las condiciones de la apuesta—dijo Kornalden—. Hoy estamos a cinco de agosto; si a media noche del cinco de enero próximo José en compañÃa de los dos testigos aquà presentes, Fernández y Lindsay, no ha llegado a la desembocadura del rio Alligator, en el Golfo de Diemen, usted, Kilder, me hará cesión inmediata de todos sus bienes inmuebles.Â
—Como usted me la hará a mi si José, acómpañado de los dos testigos, llega a la desembocadura del Alligator a las doce de la noche del cinco de enero próximo—controvertió Kilder. —Perfectamente Kornalden—, uno de nosotros se convertirá en "devorador de cacatúas" o "almacenero" al servicio del otro. Hago votos por que el "almacenero" sea usted.Â
—Y yo brindo porque lo sea usted—respondió Kilder, levantando su vaso.
—¡También yo !—gritóJosé.Â
—¿Y ustedes—preguntó Kilder volviéndose a Fernández y a Lindsay—por quién brindan?
—Tenemos la obligación de ser neutrales—dijo el cazador—. Nuestra misión es una sola: conseguir transportar nuestra piel hasta el Alligator, para dar testimonio de que José ha atravesado o no Australia.
 —¿Y si por desgracia uno solo de nosotros conserva la piel hasta el Alligator?—preguntó Fernández.
—Yo pierdo —dijo Kilder—, como también si ustedes llegan sin José o José sin ustedes.Â