Jose el peruano
Jose el peruano Una imperceptible sonrisa se dibujó en los labios de Kornalden. ¿En qué pensaba? ¿Quizá en la terrible dificultad de la empresa y por lo tanto en la probabilidad de apoderase de la fortuna de su competidor? ¿O bien su sonrisa obedecÃa a razones más profundas y menos confesables? No se hubiera podido decir, ni el observador más perspicaz hubiera podido explicarse la causa de aquella sonrisa.Â
Los brindis continuaban entre chanzas y alusiones: pero fueron interrumpidos por un acontecimiento imprevisto.Â
A unos centenares de metros se oyeron gritos extraños. ParecÃa como si alguien pidiera ayuda aumentando cada vez en intensidad en medio de las sombras nocturnas que empezaban a hacer borrosos los objetos.Â
—¿Qué sucede?—preguntó Kilder, poniéndose de pié imitado por los demás.Â
—Parece que se trata de la caza de algún desgraciado, a lo que parece—respondió Kornalden con acento ligeramente enfático.Â
—¿Por qué lo supone?—preguntó Lindsay, que habÃa echado mano a su fusil.Â
—No... lo sé... me parece—respondió Kornalden.Â
—Creo que tiene razón el señor Kornalden—dijo José aguzando el oÃdo.Â