Jose el peruano
Jose el peruano El vientre era voluminoso, sosteniéndose por medio de dos delgadÃsimas piernas sin forma. CubrÃan su pecho pinturas grotescas y extrañas y tatuajes en relieve porque estos pueblos acostumbran a injertar arcillas en sus sajaduras rituales, sin grandes sufrimientos, puesto que poseen una resistencia extraordinaria al dolor.Â
El australiano empuñaba el tomazvak, el hacha de piedra inseparable, llevando al costado el maravilloso boomerang, el arma más paradójica que haya fabricado el hombre.Â
El indÃgena lanzó al suelo el tomazvak en señal de amistad y dijo en inglés bastante comprensible:Â
—Me persiguen.Â
—¿Quién?—preguntó Kilder.Â
El negro después de mirar a los dos squatters, respondió :
—De la tribu de las montañas de Bagot. Me quieren matar porque entré en sus dominios sin el ceromonial debido.
—¿Hay alguna tribu de australianos acampada por aqui?—preguntó José.Â
—No... la tribu está lejos, pero me han perseguido una docena de indÃgenas—respondió el negro lanzando ávidas miradas a los restos de la cena abandonada sobre el césped.Â