Jose el peruano
Jose el peruano —Que la puesta sea todo lo que poseemos—dijo tranquilamente Kilder.Â
—¿Todo lo que poseemos?—dijo Kornalden, sobresaltado.Â
—Entendámonos... Todo lo. que poseemos en runs y ganado mayor—añadió Kilder—. ¿Titubea usted?Â
—¡No! —exclamó Kornalden—. Acepto, todo lo que poseemos.Â
A estas palabras, numerosos asiduos del club, atraÃdos por la colosal apuesta, se acomodaban alrededor de la mesa de los dos squatters, ávidos de conocer el fin de aquel desafio.Â
En el Squatters' Club, garito de Puerto-Augusta, la próspera ciudad situada al fondo del golfo Spencer, se jugaban todas las noches enormes riquezas: pero nunca, desde que los socios tenÃan memoria, se habÃa arriesgado sobre el tapete verde del club tanto dinero.Â
La fiebre del juego y de las apuestas hacÃa hervir la sangre de aquellos aventureros de todas partes del mundo.Â
Desembarcados en Australia con poco dinero, pero mucha audacia, habÃan llegado a poseer grandes fortunas que echaban. sobre el tapete verde, excitados por el demonio insaciable del riesgo.Â