Jose el peruano
Jose el peruano —Y es, que les aconsejarÃa con entusiasmo el que tomaran como guÃa a este indÃgena si supiese que posee tal sentido de orientación... como para conducirlos a Sidney en lugar de a la desembocadura del Alligator...Â
A estas palabras el negro se levantó, y muy alegre por haber comido manjares exquisitos, se puso a danzar una loca corrobores o baile de las tribus australianas cuando se visitan. El negro, terminada la danza, se dejó caer al suelo con el evidente propósito de descansar.Â
Habia descendido la noche. También los otros tenian necesidad de reposo porque a la madrugada siguiente los dos squatters volverÃan a Puerto-Augusta y los tres viajeros iniciarÃan su expedición.
—¿Qué hacemos de éste? — preguntó el cazador.Â
José tocó con el pie al negro, que se levantó.
—¿Quieres guiarnos para hacer la travesÃa de Australia?—preguntó el peruano.Â
—Seria el más feliz de los australianos—respondió el negro.Â
—¿Cómo te llamas?Â
—Mulga.Â
—Pues bien, Mulga, acércate y ayúdanos a levantar una tienda para estos señores.Â
—Yes, sir—dijo el indÃgena.Â