Jose el peruano
Jose el peruano En poco tiempo levantaron una tienda para Kilder y Kornalden; José, Fernández y Lindsay dormirÃan en el dray, turnándose en la guardia. Mulga fué el encargado de cuidar los bueyes, acostándose cerca de ellos.Â
Durante la guardia Fernández se encontró, en un determinado momento, casi obligado a dar la voz de alarma. HabÃa oÃdo un silbido extraño en lontananza, repetido por tres veces: al ir a despertar a sus compañeros que dormÃan en el dray, oyó una voz que le interrogó.Â
—¿Ha oÃdo silbar?Â
—SÃ, ¿también usted?Â
—También, ¿qué podrá ser?Â
—No lo sé, señor Kornalden.
Escuchemos: si se vuelve a repetir daré la alarma.Â
Kornalden y Fernández escucharon atentamente: pero el silbido no volvió a repetirse.Â
—Quizás sea algún pájaro nocturno—murmuró Kornalden.—No vale la pena de hacer levantar a tus compañeros—y se volvió a la tienda.Â
La noche transcurrió sin incidente alguno.Â