Jose el peruano
Jose el peruano —Esté tranquilb, señor Kilder — afirmó José—, aunque no haya tratado más que de defender mi vida y la de Marinca, no quiero que las autoridades de Puerto-Augusta se mezclen en el asunto.
—Os hago esta advertencia porque sé lo fácil que es hacer confidencias a un compañero de un largo viaje—dijo Kilder.
— Es mejor que el cazador Lindsay no sepa nada... A propósito. ¿Qué os parece de él?Â
—Me parece un compañero de viaje muy simpático y leal—respondió José.Â
—También a mi me lo parece—añadió Fernández.Â
—Todos tienen a Lindsay por un hombre leal y valiente; pronto a afrontar cualquier peligro por salvar a sus compañeros, pero...Â
—Pero no pareces estar tranquilo—observó José.Â
—No es eso—murmuró Kilder—pero ha estado tanto tiempo al servicio de Kornalden, y no querrÃa que éste...Â
—No tenga ningún temor, señor Kilder, no dormiré y aunque sienta mucha simpatÃa por él, no se me escapará ninguno de sus movimientos.