Jose el peruano
Jose el peruano La temperatura era soportable. La época de los grandes calores australianos no habÃa llegado aún porque en el continente antÃpoda nuestro, el verano empieza a fines de octubre. La expedición, por lo tanto, debÃa valerse de estas buenas condiciones para aprovechar en los meses de buen tiempo la mayor cantidad de kilómetros posible en dirección al Norte, es decir hacia Australia septentrional, donde se encuentra el rÃo Alligator.
—Andamos por terreno escabroso—observó Fernández soportando alegremente, no obstante, las sacudidas del dray.
—Esto no es nada en comparación con el que debemos atravesar muy pronto—dijo el cazador.
—iPues lo atravesaremos!—exclamó José—. Este carro me parece muy sólido.Â
—También son robustÃsimos los bueyes — dijo Lindsay—, pero asà y todo debemos luchar con la aspereza de los guijarros que será una prueba dura.Â
—Encontraremos durante todo el trayecto pastos, ¿verdad?—preguntó Fernández.Â
—¡Ah!—respondió Lindsay—. Si se encontraran siempre pastos en el interior de este árido continente calcinado por el sol, la travesÃa serÃa muy fácil Durante muchos dÃas los pobres bueyes deberán ayunar o contentarse con el poco pienso que debemos ir economizando en previsión.