Jose el peruano
Jose el peruano —¿Te estás burlando de nosotros, Mulga?—dijo amonestándolo José . Ten cuidado que la cosa no deja de tener peligro para ti; te advierto que después de haber recibido un puñetazo mÃo no esperarás el segundo
—Lo creo—respondió Mulga mirando no sin mezcla de terror y de admiración a los puños enormes del coloso—, pero yo, sir, no me mofo de ningún blanco. Soy un admirador de ellos, sir.Â
—¿Qué estás diciendo en lugar de responder? –le interrumpió José que comenzaba a inquietarse por lo que sucedÃa.Â
El coloso no tenia miedo de nada: se creÃa con el coraje suficiente para afrontar un ejército entero y todos los peligros de este mundo; pero desconfiaba y se sentÃa muy inquieto ante las cosas que no comprendÃa y ante los hechos misteriosos. Aquel boomerang que Mulga habÃa cogido al vuelo lo tenia inquieto.
—Quiere decir, José—observó Lindsay—, que le agradarÃa ser todavÃa blanco como el primer dÃa de su nacimiento.Â
—¿Este ser horrible nos quiere hacer creer que ha nacido blanco?Â
—Blanco como nosotros, querido José—dijo el cazador sonriendo—. Este es otro fenómeno curioso del extraño continente. Los niños australianos nacen blancos como los europeos: en algunas horas se oscurecen, para convertirse en negros algunas semanas después.Â