Jose el peruano
Jose el peruano —¡Qué abrazo más afectuoso! ¡No podÃas demostrar en mejor forma tu amor por el sabroso asado !...Â
—Me agredió y le he enseñado que este no es el modo de recibir a los forasteros que se toman la molestia de visitarlos—dijo José frotándose el costado.
—¿Te ha mordido?—preguntó Fernández.
—Peor, me ha introducido delicadamente una uña en la carne: pero no es nada. Me lo ha hecho justamente en el lado opuesto a aquella—José cortó la frase. Casi habÃa dicho que el canguro le habÃa hecho una herida casi simétrica a la recibida del miserable Mernal: pero habiéndose dado cuenta a tiempo de que Lindsay y Mulga no debÃan saber nada, se detuvo.
Y para desviar la atención se volvió al australiano, gritándole en broma:Â
—Te abrazaré a ti lo mismo que al canguro si no nos preparas el asado como se usa en tu paÃs.Â
—No deseo otra cosa, sir—dijo el negro—. ¡Ya verá que buena comida, sir!Â
Mientras que José y Lindsay abrÃan a lo largo el canguro, sacándole los intestinos, Mulga y Fernández cavaban la fosa donde debÃa cocerse el marsupial a la usanza australiana.Â