Jose el peruano
Jose el peruano —O sea que no nos suceda como a aquel burro ramoso, que cuando el amo lo habÃa acostumbrado a no comer... murió de hambre.Â
No querrÃa que después de estar bien acostumbrado al calor de Australla nos quedaremos secos...
 —Eso no sucederá...Â
—Esperémoslo asÃ... por muy amigo que sea de Kornalden... no lo creo... Pero ¿qué hacen Mulga y Vernández?... Ya deberÃan estar de vuelta.Â
—Tienes razón... ¿Cuándo traeran el casuar?... Tengo ganas de verlo y más ganas de probarlo...Â
José y Lindsay se levantaron y habiendo dado una vuelta alrededor del dray, miraron hacia el bosque de eucaliptos. No vieron ni a Fernández ni a Mulga.Â
¿Qué significarÃa aquella larga ausencia? ¿Dónde se habrÃan escondido?Â
Mientras se hacÃan estas preguntas, vieron salir a Mulga de entre los árboles, ir hacia el casuar, recogerlo, echárselo al hombro y seguir hacia el dray.Â
—¿Y Fernández?—preguntaron a la vez José y Lindsay al negro cuando estuvo a pocos pasos y no habÃan visto todavÃa aparecer al joven.Â
—¿Sir Fernández?—observó Mulga ensanchando sus negros ojos con estupor—. ¿No estaba con ustedes, sir?Â