Jose el peruano
Jose el peruano —Fué al bosque a ver qué hacÃas—dijo Lindsay mirando severamente al australiano como si quisiese escudriñar sus pensamientos.Â
—¿Qué hacia? Me pareció ver "importunas" y las he seguido un trecho con la esperanza de encontrar el refugio de algún canguro.Â
—Y ¿no has visto a Fernández?—preguntó José.Â
—Ni lo he visto, ni lo he sentido—respondió.Â
—Yo no veo más que hierba pisoteada—observó José.Â
—Un hombre con dos grandes botas ha pasado por aquÃ... No puede ser otro que Fernández—dijo Mulga.Â
—¿Y si fuese la pista del canguro?Â
—No, sir... es la de un hombre blanco.Â
—Enséñanos ahora la del canguro que dijiste haber visto primero—dijo Lindsay, enjugándose casi febrilmente el abundante sudor que cubrÃa su rostro. .Â
El australiano quedó un momento titubeante, pero después se apartó unos pasos en dirección opuesta, examinando el terreno.
—¿Y bien?—preguntó José con ansia.
—El canguro ha pasado por aquÃ. Aquà está la señal—respondió el drayman mostrando con el dedo hierbas y flores estropeadas.Â
Lindsay y José miraron atentamente el lugar indicado por el indÃgena.