Jose el peruano
Jose el peruano —Y si tiene tan poca conciencia—observó José—y tanta avidez por las riquezas, es razonable. suponer que haya tramado un complot con cualquier ban-dido...Â
—Hay que razonar—dijo Lindsay—. Yo soy amigo de Kornalden porque conmigo se ha portado siempre bien y gozo de su confianza. Ahora, ¿no te parece que si hubiese tenido la miserable intención de hacer trampas al "juego del andarÃn José" al primero que hubiese tenido que proponerle ese plan, hubiera sido a mi?Â
El peruano tenÃa grandes deseos de verle la cara a su compañero mientras pronunciaba estas palabras: pero la oscuridad no se lo permitió.Â
—Es verdad—observó el coloso.Â
—Ahora te puedo asegurar que Kornalden no me hizo ni la menor alusión a este propósito—dijo Lindsay con firme acento—. Me preguntó solamente si yo aceptaba acompañarte por temor a que pudieses hacerle "un truco".Â
Yo acepté con placer porque siempre he tenido idea de atravesar Australia. Tam-bién le dije, que habÃa sido un temerario al jugar toda su fortuna a un viaje, que, aun siendo difÃcil, no es imposible. A menos que...
—A menos que...Â