Jose el peruano
Jose el peruano José volvió a levantar la linterna por sobre su cabeza para abarcar con la vista mayor espacio...Â

¡El coloso dió un grito de dolorosa sorpresa!Â
Sus ojos quedaron por un instante como agrandados por la emoción. Un hombre yacÃa entre unas zarzas, a los pies del gran árbol, atado todo su cuerpo por la terrible liana; estaba semidesnudo y la planta le aprisionaba busto, brazos, piernas y cuello.Â
El coloso, librándose de los brazos viscosos, se le acercó haciendo caer la luz de la linterna sobre el hombre prisionero de manera tan extraña.Â
—¡Fernandez!—exclamó José empuñando el cuchillo y cortando con precaución las sutiles y flexibles ramas que parecÃan succionar el cuerpo del desgraciado, cuyas carnes sangraban por mil pequeñas heridas.
—¡Fernández !--repitió José, invadido por doloroso estupor.Â
Un gemido salió de los labios del joven que parecÃa haber perdido el conocimiento: sus ojos se mantenÃan cerrados.
El coloso habÃa cortado los lazos sutiles de la terrible planta: levantó al joven y lo puso sobré un lecho de hierba, lejos de la extraña marra, la planta carnÃvora que desangra a los animales caÃdos y ligados en su viscosa goma, por medio de ventosas invisibles.