Jose el peruano
Jose el peruano José vió con maravilla que el hermano de su Marinca tenÃa pies y manos ligados, no ya por la marra carnÃvora, sino por cuerdas de cáñamo.
 ¡Fernández no habÃa caÃdo entonces accidentalmente en medio de las ávidas ventosas del arbusto-vampiro, sino que habÃa sido echado allà por sus asaltantes!
El coloso llevaba afortunadamente en el bolsillo una botellita de brandy.Â
Arrodillado al lado del joven, le abrió la boca dejándole caer algunas gotas de licor; después, viendo que Fernández inconscientemente las tragaba con avidez, le acercó más la botella.Â
Los ojos del joven no tardaron en abrirse y fijarse, primero con estupor, luego con un relámpago de alegrÃa, en el rostro del gigante.Â
—Fernández—gritó éste—, ¿me oyes?Â
—José—balbuceó el joven cuando el coloso hubo apartado de sus labios la botellita de brandy.
 —¡Demos gracias al cielo!—exclamó José, mientras con el pañuelo enjugaba las gotitas de sangre que a millares salÃan del pecho del joven.Â
Este, levantando la mano, se la llevó a la nuca. José miró: una herida grande hacia que los cabellos de Fernández, estuviesen ensangrentados.Â