La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Hacia la salida de la pequeña bahía.
—¿Algún buque?
—Una chalupa, quizá.
—¿Habrá abandonado el fondeadero la del cónsul americano? —preguntó la capitana con un ligero tono de inquietud.
—¡Hum! ¡Me huele a traición! —murmuró Córdoba.
—Tú eres un lobo de mar y si has olfateado alguna cosa, quiere decir que no todo está tranquilo en el mar.
—Al dirigirme a vuestro palacio he visto un hombre parado en la esquina de la calle.
—¿Te espiaba, quizá?
—Ahora estoy casi convencido.
—¿Y no lo has seguido?
—Me pareció un tranquilo tocador de guitarra.
—¿Qué cosa me aconsejas hacer, Córdoba?
—Ir a ver si la chalupa del cónsul americano está todavía anclada.
—Vamos: los minutos son preciosos ¡Eh, maestro Colón!