La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Aquella mujer que dirigía la maniobra como el más intrépido lobo de mar, y que conducía con sus puños su propia nave, lanzándola con una seguridad maravillosa a través de los rompientes de la costa yucateca, era verdaderamente admirable.
Se había despojado de sus vestidos femeninos, nada apropiados para el mar, y llevaba un elegante traje que hacía resaltar doblemente el perfecto perfil de su persona, alta y esbelta, elástica como un junco. Su cuerpo estaba encerrado en una casaca de paño rojo con botones de oro, muy ceñida y ajustada a la cintura por una larga faja de seda azul con nudos ondeantes; unos pantalones de color gris, altas botas de marino, que cubrían unos pies tan pequeños que darían envidia a una muchacha del Celeste Imperio, y un ligero sombrero de fieltro de amplias alas vueltas hacia arriba, adornado con una simple cinta negra, completaban su vestido.
¡Qué espléndida criatura era aquella mujer que desafiaba tan intrépidamente a la muerte, en las tenebrosas ondas del Gran Golfo!
Podría tener veinticinco años o quizá menos. Como se ha dicho, era alta, de porte elegante, de gran dama; pero, al mismo tiempo, resuelto, fiero, que traslucía una energía indomable.