La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Lo primero que vio fue una hamaca extendida entre dos postes más gruesos que ocupaba media cabaña y además un montón de bananas, cidros y mangos; también habÃa una liebre que parecÃa que habÃa sido desollada recientemente; colgada de la pared se hallaba una escopeta de caza muy antigua y un zurrón bastante lleno.
—Entraremos a ver qué hay aquà dentro —murmuró Córdoba, volviéndose excesivamente curioso.
Cogió el zurrón y se puso a examinarlo sacando sucesivamente del morral, una caja de pólvora, una bolsa de perdigones y unos trapos. Estaba a punto de volver todo a su sitio, cuando vio caer de uno de aquellos trapos un trozo de papel plegado en cuatro.
—¡Oh…! —murmuró—. Veamos qué contiene; supongo que no será un plano de guerra de los rebeldes.
Desplegó el papel y en cuanto le echó una mirada no pudo reprimir un gesto de estupor ni contener un grito.
—Volvamos en seguida y a la carrera —dijo, guardándose el papel en el bolsillo—. Mi querido Pardo, te juro que el «Yucatán» no será para ti.
Descendió rápidamente, atravesó los manglares, se detuvo un momento sobre la orilla para ver si era seguido y después se lanzó a través del bosque, diciéndose:
—El «Yucatán» será para ti un bocado difÃcil.