La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan El lobo de mar habÃa dirigido la vista hacia la costa y veÃa brillar, en la noche tenebrosa, un punto luminoso que aumentaba poco a poco.
—SÃ, lo veo —murmuró—. Es una señal.
—Anuncia al «Terror» que hemos zarpado de Sisal, ¿es cierto, Córdoba?
—Me temo que si.
—¿Se ve algo en alta mar?
—Todo está oscuro.
—¿El «Terror» puede haber apagado todas sus luces?
—Es probable.
—Entonces, es posible que esté muy cerca.
—SÃ, ¡pero nosotros somos tan poco cosa…!
—Si nos descubre, nos mandará uno de sus proyectiles de grueso calibre, Córdoba.
—El agua se encargará de sostener el celuloide.
—Entonces, vamos. ¿Están en sus piezas los artilleros?
—SÃ, doña Dolores.
—¿Crees que sea el momento de hundirse?
—Esperemos aún.
—Temo por los cartuchos; una bala puede hacerlos explotar y enviar por los aires al «Yucatán» y a todos nosotros.
—Está muy oscuro y además se dice que los yanquis no son muy hábiles artilleros.