La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Un enorme desastre, para ciertos cultivadores —respondió Córdoba, encendiendo un cigarrillo—. Habéis de saber qué sólo en Jamaica, hasta hace pocos años los daños alcanzaban casi tres millones y que en Cuba, Puerto Rico, Trinidad, Barbados, la Guadalupe y en la Martinica devoran en conjunto, cada año, cerca de cincuenta millones de productos.
—¿Qué ratas son éstas, pues…?
—Roedores feroces, despiadados, que devastan plantaciones enteras de caña de azúcar, de café, de patatas, de cacao, de maÃz, de legumbres, de granos y que ocasionarÃan estragos inmensos en los gallineros de los pobres colonos.
—¿Atacan también a los pollos?
—¡Y con qué ensañamiento!
—¿Y qué hacen los gatos?
—Tienen miedo, doña Dolores. ¿Ignoráis que algunas de estas ratas miden, de la cola a la cabeza, hasta ochenta centÃmetros?
—¡Oh…! ¡Qué horribles monstruos!
—Pero no les bastan las gallinas; también atacan a los niños. En seis años, en estas islas, han devorado más de una docena de negritos. TodavÃa recuerdan todos como en la Martinica descarnaron completamente a una pobre negra que se habÃa dormido en un campo de maÃz y en la Guadalupe a un negro que se habÃa tumbado en el campo, después de haber bebido demasiado ron.