La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —¿Y no han intentado destruir a estos famélicos y repugnantes roedores?
—SÃ, pero de momento sin éxito. Se emplearon las hormigas de Cuba, que como sabéis tienen unas garras robustas como si fueran de acero, esparciéndolas en todas las islas; también los sapos toro, aquellos batracios grandes y feos que mugen como un buey enfurecido; además usaron la serpiente de la Martinica, el venenosÃsimo «hierro de lanza»; después recurrieron al foso, a las trampas, a los perros amaestrados para la caza de ratas, no obstante se obtuvieron escasos resultados. Ahora, sin embargo, las ratas tienen mala suerte.
¿Han encontrado un buen remedio?
—SÃ, doña Dolores. Hace algunos años el señor William Espent, un rico plantador, tuvo la buena idea de experimentar los ichneumon, o sea, las mangostas indias, especie de comadreja, perteneciente a la familia de las civetas, carnÃvoros feroces, enemigos declarados de los topos y hasta de los cocodrilos, ya que destruyen los huevos de estos peligrosos anfibios. Introducidos en Jamaica, dieron espléndidos resultados, devorando roedores a millones y salvando las plantaciones de una ruina segura. Ahora las mangostas han sido llevadas también a la Martinica, a la Guadalupe y a Puerto Rico, y se han multiplicado de modo inquietante.
—¿Y por qué inquietante, si destruyen las ratas…?