La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Habrá sido algún cubano que pide socorro.
—En esta parte de la isla, cubano quiere decir rebelde, y ya sabéis las ganas que tiene Pardo de tenernos en sus manos. ¡Eh! ¿Habéis oÃdo?
En un momento en que los truenos habÃan dejado de retumbar y el viento de silbar, se habÃa oÃdo claramente resonar la llamada de un cuerno.
El soldado lo habÃa oÃdo a su vez, y se habÃa alzado vivamente, acercándose a Córdoba y a la marquesa.
—Esta es una señal, una llamada de los insurrectos —dijo, con voz alterada.
—¿Lo creéis as� —preguntó Córdoba.
—SÃ, señor. Las bandas del capitán Pardo han adoptado ese instrumento para señales de guerra.
—¿Y estamos a punto de ser rodeados? —preguntó la marquesa, en cuyos ojos brillaba un relámpago de ira.
—Os habÃa dicho que me pareció ver un hombre esconderse en el matorral de los bananos.
—¿SerÃa un espÃa?
—Eso me temo, señora —respondió el soldado.
—¡Por mil tiburones! —exclamó Córdoba—. Es necesario tomar una decisión, antes de dejarse cazar como ratones en la trampa.
—¿Qué quieres hacer?
—Marchamos en seguida.