La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —¿Con este huracán?
—Y además —dijo el soldado—, saliendo empeoraremos nuestra situación. Aquí, en esta torre resistente y sólida, podremos aguantar mucho tiempo, mientras que en el bosque seríamos rápidamente rodeados y capturados.
—¿Y si nos asedian? No podemos contar con ninguna ayuda.
—Una palabra, señor teniente, si me lo permitís —dijo uno de los marineros, adelantándose.
—Habla, Álvaro.
—A bordo del «Yucatán» quedan ciento doce hombres, todos valerosos y devotos de la capitana.
—¿Y qué sacas en consecuencia?
—Que cuarenta son más que suficientes para la defensa del barco y los otros podrían acudir en ayuda de la capitana, si los insurgentes llegaran a sitiar la torre.
—¿Y quién irá a advertir al maestro Colón del peligro que corre la marquesa?
—Yo, señor teniente, o uno cualquiera de mis camaradas. Estamos todos dispuestos a intentarlo, con tal de salvar a nuestra valiente capitana.
—Excelentes muchachos —dijo la marquesa, vivamente conmovida—. ¡Dame la mano, mi valiente!