La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan La cuerda alquitranada habÃa sido encendida. Córdoba la levantó para ver mejor y distinguió frente a él, a unos diez pasos, una gruesa serpiente enroscada sobre sà misma, que lanzaba llameantes miradas sobre los fugitivos.
—¡Oh…! ¡Qué horrible reptil…! —exclamó la marquesa, haciendo un gesto de invencible repugnancia.
—¡Tened cuidado! —gritó el soldado, haciendo retroceder a Córdoba y a la marquesa. Tenemos que habérnoslas con una sucuruhyu.
—Ya lo he visto —respondió Córdoba—. Es el reptil más peligroso y voraz de todas las Antillas. O nos cede el paso o le machacamos la cabeza con las culatas de los fusiles.
—Sed prudente, amigo.
—Señor teniente, dejadme a mà —dijo uno de los marineros, apartando a todos para ponerse delante—. Tengo un buen nudo corredizo para estrangularla.
—Nos enfrentaremos juntos, buen chico. Pero cuida de no dejarte coger; estos reptiles están dotados de una fuerza prodigiosa y trituran a un hombre como si fuese una simple caña de azúcar.
—Estaré preparado para saltar hacia atrás —respondió el marinero.