La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Un agudo silbido habÃa sonado a poca distancia del grupo de cedros, el silbido de un reptil encolerizado.
—Ahora comprendo —dijo el español—. Ha descubierto una serpiente y va a atacarla. ¡AllÃ…! ¿La veis…?
El lobo de mar se levantó sobre la punta de los pies y a través de las ramas divisó una gruesa serpiente que se enrollaba rápidamente, mostrando amenazadoramente su inquieta lengua y sus dos dientes venenosos.
—Es una serpiente de cascabel —dijo el español.
—¿Y el viejo jabalà no tiene miedo? —preguntó Córdoba, asombrado.
—Acabará comiéndose el crótalo, señor.
—Si es mordido, morirá.
—Os engañáis; contra los puercos el veneno de las serpientes no surte efecto.
—Esta es una cosa difÃcil de creer, amigo.
—¿No sabéis cómo se hace para limpiar una plantación cuando está invadida por las serpientes…?
—No.
—Se llevan algunos cerdos con sus crÃas y en pocos dÃas se encargan de exterminarlas. ¡Ah…! ¡Mirad…! ¡Mirad, señor!