La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —¡Te digo que dentro de diez minutos vas a danzar el baile de la muerte! —aulló el teniente, perdiendo la paciencia—. ¿Aún te atreves a preguntarme si estoy bromeando? ¡Traidor!
El cubano palideció y pareció que toda su extraordinaria audacia se esfumaba, pero después de algunos instantes, siguió:
—Parece que tenéis que reprocharme alguna cosa, señor Córdoba. Os ruego que os expliquéis.
—¡Eh…!, ¿qué…? —balbució el teniente, en el colmo de la ira—. Mi querido señor del Monte, condenado esbirro del capitán Pardo, acabad con vuestra comedia u os liquido a puñetazos si me seguÃs desafiando. ¿Creéis que no conozco vuestras hazañas? Decidme, querido señor del Monte, ¿cuánto os ha dado Pardo por traicionarnos?
—¿Por traicionaros?
Córdoba, no pudiendo aguantarse más, furioso por el descaro del traidor, alargó una mano y agarrándolo por el cuello de la camisa, lo levantó del suelo, sacudiéndolo como si fuera un niño pequeño.
—¡Canalla! —le gritó junto a las orejas—. ¡Te ahorcajé antes de diez minutos!
—Sea —le contestó el cubano, que se habÃa puesto amarillo—. ¡Pero Pardo os ahorcará a vos y hará fusilar a la marquesa! ¡Ahora matadme, si os atrevéis!