La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Córdoba habÃa dejado caer al cubano, a su vez se habÃa vuelto pálido y miraba al traidor con inquietud, intentando leer en sus ojos la veracidad de sus palabras:
—¡Pardo me ahorcará! ¡Pardo fusilará a la marquesa! —exclamó—. ¡Mientes! ¡Pardo está lejos y la marquesa se encuentra ahora en el cayo de San Felipe!
—Pardo está cerca —respondió el cubano.
—¿Dónde?
—No lo sé, pero os digo que está cerca y que pronto vengará mi muerte.
—Quieres engañarme.
El cubano se encogió de hombros.
—¡DÃmelo todo o te hago desollar vivo! —dijo Córdoba.
—No tengo nada que agregar.
—Tú me ocultas algo.
—Es probable.
—Entonces, habla.
—Sà —dijo el cubano—. Hablaré pero con una condición.
—¿Cuál?
—Que me perdonéis la vida.
—¿Crees que tu confesión vale la gracia de tu pellejo?
—Se trata de vuestro «Yucatán», señor.