La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Si no os molesta.
—Al contrario, teniente. ¡Las distracciones son tan escasas en San Felipe! Aprovecharé para enseñaros nuestros depósitos de armas y mostraros mis tropas.
—Un paseo me vendrá bien.
El jefe de los insurrectos llamó al negro, y volviéndose luego hacia la marquesa que se habÃa levantado:
—Señora, os ruego que os retiréis a la casita que tenéis destinada. Si no os molestamos, esta noche iremos a encontraros.
—Estaré contenta de recibiros, señores —respondió doña Dolores—. La velada será menos larga y menos aburrida.
Cambió con Córdoba una mirada de inteligencia y salió.
—¡Hermosa señora, a fe mÃa! —exclamó Córdoba, dirigiéndose a Guaymo—. Debe ser una mujer enérgica y resuelta.
—Asà lo creo —respondió el rebelde—. Y precisamente por eso tengo siempre dos centinelas frente a su puerta. Señor teniente, vamos a buscar una chalupa que sea más grande que la vuestra.
Encendieron sus cigarros y salieron cogidos del brazo como dos viejos amigos, seguidos por el español y los dos marineros que no se separaban del lado del cubano.