La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Lo temo.
—¿Quizá el «New-York»?
—No, doña Dolores. Supe que ese crucero ha sido escogido como buque insignia del almirante Sampson, asà que no puede encontrarse en estas aguas.
—¿Algún cazatorpederos? ¿El «Cushing» o el «Ericson»?
—Seguro que no; el cónsul me dijo que estos dos cazatorpederos, anteayer al anochecer se encontraban en las costas de Cuba, cerca de Marianao, donde sostuvieron un combate con la cañonera española «Ligera», recibiendo sus buenos obuses que les han obligado a salir de estampÃa.
—¡Maquinista! —gritó doña Dolores—. ¿Qué velocidad llevamos?
—Veintidós nudos y siete décimas, señora —respondió el jefe de máquinas.
—Es preciso aumentarla.
—Sólo necesito cinco minutos y llegaremos a veinticinco. Nuestra inmersión obstaculiza la marcha.
—A veinticinco dejaremos atrás a aquel obstinado curioso —dijo Córdoba—. Pronto amanecerá y me fastidiarÃa que nos viese.
—Eso estropearÃa mis planes —dijo la marquesa.
—Colón es un artillero extraordinario.
—¿Quieres intentar…?