La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan A las diez, el fuerte de Santa Catalina estaba en llamas, destruido por las bombas y los shrapnells, mientras las baterías de la Estrella eran reducidas al silencio. Pocos minutos después una bomba del «Oregón» estallaba a bordo del «Reina Regente», sobre el que el coronel Ordenas, uno de los más valientes artilleros, apuntaba personalmente los cañones.
Parte de la obra muerta sobre cubierta quedaba destruida por la explosión del formidable obús, hiriendo al coronel y a treinta y dos marineros y matando otros siete entre los que se hallaba el capitán Aresto, segundo comandante.
A las once, también el contratorpedero «Terror», de trescientas ochenta toneladas, era tocado por una bomba, sufriendo desperfectos, mientras otras dos caían sobre la cubierta del acorazado «Vizcaya», pero sin gran daño.
En aquel momento, sin embargo, los acorazados americanos, algunos de los cuales habían sido seriamente dañados por el tiro de los españoles, suspendían el fuego, adentrándose en el mar. Habían lanzado aproximadamente dos mil proyectiles de grueso calibre, ¡una enorme cantidad de toneladas de acero!