La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Pero era sólo una pausa. A mediodía, después del almuerzo de los oficiales, el bombardeo volvía a empezar, durando intensamente una hora más. Aunque al comprobar que este despilfarro de pólvora y acero no correspondía a los resultados, a la una de la tarde las dos escuadras se alejaron.
Al mismo tiempo, llegaba la noticia de que el general Linares, con sus valerosos soldados habían rechazado brillantemente a los tres mil americanos que intentaron desembarcar en Daiquiri, y obligado a los insurgentes del cabecilla García a refugiarse de nuevo en las montañas de las que habían bajado.
Esta victoria, una de las más gloriosas de la campaña, había elevado inmensamente la moral de las tropas, de las tripulaciones y de la población española, ya que, a pesar de las fanfarronadas de los yanquis, el bombardeo no había dado ningún resultado y el desembarco intentado no había tenido éxito.
También la marquesa y Córdoba, empezaban a tener esperanzas. La resistencia de Santiago podía cansar a las escuadras adversarias y decidirlas a levantar el bloqueo, dejando el paso libre a las naves de Cervera y al «Yucatán». Desgraciadamente debían perder pronto sus ilusiones. Siete días después de aquel formidable bombardeo, una triste noticia se extendía por Santiago.