La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —¡Vos, tan joven y tan bella, morir…! Doña Dolores, dejadme a mi y a nuestros marineros la labor de salvar el honor de nuestro «Yucatán».
—No, Córdoba; no dejaré este puesto.
—Dentro de poco aquà se librará un atroz combate.
—Tanto mejor.
—Menudearán las balas y habrá montones de cadáveres.
—No tengo miedo.
¡Doña Dolores…!
—¡Basta, Córdoba! ¡En pie, mis valientes! ¡Vamos a combatir por la bandera de la vieja España! —gritó la marquesa.
Las columnas americanas entonces desembocaban del bosque, desplegándose rápidamente en orden de batalla. Sus baterÃas, tomando posición sobre una pequeña loma, habÃan empezado ya el fuego, martilleando las trincheras y los terraplenes.
En aquel momento supremo también se oÃa, hacia Aguadores, tronar el cañón furiosamente y, sobre el mar, retumbaban oscuramente las colosales piezas de los acorazados americanos.
También por aquel lado habÃa empezado una tremenda batalla. Dieciséis mil americanos, conducidos por el general Shafter, atacaban a los tres mil españoles del general Linares atrincherados en aquella localidad.