La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Es verdad, Córdoba. ¡Mira, amigo! El crucero, satisfechÃsimo de su exploración, se marcha hacia el cabo Catoche.
—Y nosotros aprovecharemos para ponemos a la vela y seguirlo a distancia. Si no vuelve sobre sus pasos, mañana habremos rebasado el cabo y podremos reÃmos de la habilidad extraordinaria de los yanquis.
—¿Partimos?…
—SÃ, marquesa, y sin perder tiempo.
El crucero se alejaba entonces a toda velocidad hacia el este, creyendo quizá que el «Yucatán» habÃa ya logrado abandonar la costa y navegaba hacia Cuba. El yate, siguiendo su rastro, tenÃa la posibilidad de poder atravesar el amplio canal, que separa el cabo San Antonio de la costa americana, sin correr el peligro de tener otros encuentros, no siendo probable que el almirante Sampson hubiese destacado más navÃos de su escuadra para dar caza a un pequeño barco.
Córdoba y la marquesa, que habÃan salido a cubierta, hicieron subir el ancla inmediatamente y el «Yucatán», con todas las velas desplegadas, reanudó su carrera hacia el este, manteniéndose detrás de las Jolbos.