La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —AsÃ, ¿qué opinas, Córdoba?
—¿Qué decidÃs vos, marquesa?
—¿Yo? Nada, por ahora.
—¿Continuamos nuestra ruta?
—Siempre.
—¿Y si el encuentro tuviera lugar? El crucero puede volver.
—Si lo encontramos en nuestro rumbo, lo dejaremos acercarse.
—Vos tenéis algún proyecto, doña Dolores.
—No te lo niego.
—¿Dará buen resultado?
—Asà lo espero. Si el encuentro ocurriera mañana, a la hora de comer, estarÃa segura del éxito.
—¿A la hora de comer? —preguntó el lobo de mar, con estupor—. ¿Cómo pueden influir los bistecs en los cañonazos, doña Dolores?
—Mis bistecs pueden servir mejor que los más poderosos cañones. Te recomiendo solamente que la comida sea espléndida y que no falten ni botellas de jerez ni de whisky, estas últimas especialmente, que les gustan mucho a los yanquis.
—¡Bistecs, botellas, buena comida! Doña Dolores, ¿queréis burlaros de mÃ…?
—De ti no, mi bravo lobo de mar, pero sà de los americanos.