La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan La marquesa en seguida se acercó a Córdoba que, desde el castillo, exploraba las aguas del estrecho con el catalejo.
—¿Ves algo? —le preguntó.
—No, doña Dolores. No hay ninguna nave.
—¿Crees que el crucero habrá seguido su ruta hacia Cuba?
—Asà parece.
—Qué suerte, si fuese cierto. ¿Descendemos hacia el sur o cortamos directamente por el estrecho?
—Me parece más prudente ganar las costas meridionales de Cuba, antes de tocar el cabo San Antonio. Sé que la escuadra de Sampson cruza por delante de las costas septentrionales, amenazando La Habana, por lo tanto, si vamos por el sur tendremos menores probabilidades de encontrarla.
—Y además, en caso de persecución, podremos encontrar un óptimo refugio en las bahÃas.
—SÃ, doña Dolores.
—O acercarnos a la isla de Pinos.
—SÃ, por el momento.
—¿Conoces la bahÃa de Corrientes?
—Al dedillo.
—¿Crees que será fácil alcanzarla?
—SÃ, si no somos capturados en el cabo San Antonio.