La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —Lo sé, mis valientes, pero no ha llegado aún el momento. ¡Maestro Colón!
—Aquà me tenéis, mi capitana —respondió el viejo marinero.
—Tú bajarás al polvorÃn y tendrás el dedo puesto sobre el botón del disparador eléctrico. El hilo está unido a los dos torpedos, procura no apretar si antes no te he dado la orden.
—¿La señal? —preguntó el marinero, con un tono de voz en el que no se notaba la menor aprensión.
—Cuando me oigas gritar «Viva España» apretarás el botón y saltaremos todos, pero junto a nosotros volarán los odiados yanquis.
—Está bien, mi capitana.
—Ve.
Después, volviéndose hacia la tripulación, la audaz mujer continuó:
—Que diez hombres se queden en cubierta para el cuarto; los otros que bajen a la bodega y tengan a punto las armas para cualquier eventualidad. Queda prohibido severamente hablar o moverse.
Entonces, acercándose a Córdoba, siguió:
—Amigo mÃo, te recomiendo especialmente la comida. Que la mesa sea preparada en cubierta y cuida de que no falten ni el champán ni el whisky, si quieres que nos divirtamos.