La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Llevaba un espléndido vestido de mexicana de seda azul, con vueltas de encaje de gran valor y de terciopelo y botones de oro cincelado.
En el cuello lucÃa varias sartas de grandes perlas de California alternadas con esmeraldas, y sobre sus negrÃsimos cabellos una alta diadema en forma de corona ducal, cuyos florones estaban adornados con diamantes de inestimable valor.
—¡Mil cañones! —exclamó el lobo de mar—. ¡Os digo, doña Dolores, que sois irresistible!
—Si lo soy para un rudo lobo de mar como tú, espero serlo también para los yanquis —respondió la marquesa riendo—. Querido capitán Bob, en espera de los americanos, podrÃamos sentarnos a la mesa.
—¡Rayos y truenos! ¡Doña Dolores, acabaréis por hacerme perder la brújula! ¿No veis pues al monitor que corre tras nosotros y que prepara su artillerÃa?
—Dejémosle que corra. Hala, ofréceme tu brazo y llévame a la mesa.