La ciudad del oro
La ciudad del oro Veíanse aparecer y desaparecer gruesos esturiones, truchas, legiones de acaris, que son pececillos redondos, de color verdoso, pero muy delicados; cascados, peces de veinticinco centínietros de largo, negros por encima y rojizos por debajo, con escamas durísimas; rayas espinosas, piraias, cuyo mordisco es peligroso, y pecuries, que esconden a sus crías en las ramas.
Semejante abundancia atraía a muchos caimanes que reñían entre si, persiguiéndose, mostrando sus formidables mandíbulas armadas de terribles dientes o la potente y rugosa cola. A veces se atacaban ferozmente unos a otros mordiéndose y ensangrentándose.