La ciudad del oro
La ciudad del oro —Si —respondió Manco—. A los hombres blancos les está prohibido internarse en las tierras habitadas por los descendientes de los hijos del Sol, y nosotros querÃamos impediros el avance, pero sin haceros daño. Os hemos podido matar a tiros de fusil en más de veinte ocasiones ; pero, como veis, os hemos respetado siempre.
—¿Conocéis a Yaruri?- — preguntó don Rafael.
—Si, mi amo.
—Explicaos.