La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -Segurísimo, señor Vasco. ¡Mirad! Ha dado una bordada hacia el Cabo Blanco, y ahora se prepara a volver sobre sus pasos.
-Es un brik; ¿no es cierto, Alonso?
-Sí, señor Vasco. Un magnífico leño, a fe mía, que lucha ventajosamente contra el mar, y que antes de una hora dará frente a Puerto-Limón.
-¿Y qué os induce a creer que no sea una nave de las nuestras?
-¿El qué? Si ese leño fuese español, en vez de venir a buscar un refugio en nuestra bahía que es poco segura, hubiera ido a la Chiriqui.
-Tendréis razón; pero yo dudo mucho que ésa esté tripulada por corsarios. Puerto-Limón no puede excitar sus ambiciones.
-¿Sabéis lo que pienso, señor Vasco? -dijo un joven marinero que se había destacado del grupo.
-Decid, Diego.
-Que esa nave es El Rayo, del Corsario Negro.
Al oír tan inesperada salida un estremecimiento de terror sobrecogió a todos los presentes.
-¡El Corsario Negro aquí! -exclamó con acentuado temblor.
