La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -Cuando no se puede defender una fortaleza, se abandona -repuso el gigante.
Los pescadores que se hallaban en la playa parecían inclinados a retirarse, cuando un hombre, ya de alguna edad, que hasta entonces había permanecido silencioso, los detuvo con un gesto.
Tenía en la mano un catalejo, con el que había estado explorando el mar.
¡Deteneos! -les dijo-. El Corsario Negro es un hombre que no hace daño a quien no se le resiste.
¿Qué sabéis vos? -le preguntó el sargento.
-Yo conozco al Corsario Negro.
-¿Y creéis que esa nave sea la suya?
-Sí; esa nave es El Rayo.
Nadie se movió. Pescadores y soldados continuaron en la playa mirando con espanto el velero, que luchaba penosamente contra la tempestad.
