Los dos tigres
Los dos tigres —Les llevamos una hora de ventaja, lo cual es tiempo más que suficiente para preparar la emboscada al manti.
Se pusieron en camino, internándose en el bosquecillo, y al cabo de veinte minutos llegaban a una explanada en la cual se veÃa la vieja pagoda, ya casi completamente en ruinas, con excepción de la pirámide central.
—Escondámonos ahà dentro —dijo Sandokán, al divisar una puerta.
Iban a atravesarla, cuando, de pronto, divisaron por la manigua algunos puntos luminosos que parecÃan dirigirse precisamente hacia el arruinado edificio.
—¡Los thugs! —exclamó Surama.
—¡Metámonos adentro! —ordenó Sandokán, precipitándose en el interior—. ¡Un cuarto de hora de retraso, y quizá hubiéramos llegado demasiado tarde! Preparad las armas, y estad dispuestos para caer sobre el manti.